Sunday, September 5th, 2010

Victimizarse no debería ser un buen negocio

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A propósito del reportaje de “Aquí en Vivo” de Mega ayer por la noche me acordé de la señora que pedía afuera de mi

oficina, y como nadie nos enseña ni a dar ni a recibir.

Cada día al llegar a mi oficina en las calles Presidente Errázuriz y Gertrudis Echeñique en Santiago el año pasado, obligadamente debía pasar por esa esquina donde una señora pedía plata a los autos que esperaban la luz verde en el semáforo.

Ella ya me reconocía y simplemente pasaba de largo. Entre las 8 de la mañana (o quizás más temprano) y hasta cerca de las doce del día la rutina era la misma. Algunos días volvía más tarde, otros no. Probablemente dependía de cuanto ganaba en el primer turno.

Al otro lado del parque que divide la calle otra señora hacía lo mismo. En sus descansos ambas se juntaban a contar en la plaza. Yo desde mi oficina las miraba.

En uno de esos momentos de ocio me dediqué a mirar cuanto duraba el semáforo, cuantos autos le entregaban algo y la cantidad de horas que “trabajaban” y el cálculo fue una sorpresa. Mientras nosotros nos sacábamos la espalda para que nuestra empresa se sostuviera y pagar los sueldos de la secretaria, el contador, la nana, y de cumplirles a los proveedores, este par de señoras probablemente hacía más plata que nosotros pidiendo en la calle.

Entonces me quedó claro por qué seguían con el cuento. Explotaban su imagen de víctimas. Como un par de pobres viejitas perdidas a quien nadie les ayuda, y con su mano estirada, ellas hacían que todas las personas de buen corazón quisiesen ayudarlas y entregarles dinero.

La cultura de la victimización

La TV en Chile nos repite a cada rato lo importante que es ayudar. Campañas del Hogar de Cristo, Fundación las Rosas, Teletón y muchas más nos recuerdan a cada rato que debemos ayudar a quienes más lo necesitan. Sin embargo me da la impresión de que nos hemos convertido en “ayudadores autómatas”, simplemente damos porque nos hace sentirnos menos culpables de lo que tenemos o de lo que hemos logrado.

Tenemos grabado en la memoria que debemos “Dar hasta que duela”. Pero sea cierta o no la frase del Padre Hurtado, ahí está en la cabeza, y si no das, ay de ti!

Nos encanta una víctima, que sufra, que llore, ojalá en vivo y en directo. No hay nada que haga que nos quedemos pegados en la sintonía más que eso.

Y por supuesto nos encanta ser víctimas también.  Es como si fuese la única forma de llamar la atención y de que nos quieran.

Entonces sucede que recibimos con culpa y damos por culpa; nunca logrando un real equilibrio en la relación.

Así tenemos las calles llenas de mendigos pidiendo una limosna (cualquiera que se haya sentado a almorzar afuera de un restaurant en Providencia ha vivido el que mientras come le pasen a pedir entre dos y tres veces mínimo) que “ganan” tranquilamente, y siendo conservador en las cifras, el doble o el triple del sueldo mínimo, mientras el 15 por ciento de la población vive en la pobreza.

¿No habrá algo que estamos haciendo mal como cultura?

Quizás es momento de aprender a dar y aprender a recibir, sin culpas en ambos casos. En vez de las monedas que le entregamos a quien pide, podríamos ser más conscientes de darle eso extra a quien nos entrega un buen servicio en un restaurant, o en algún otro lugar. A eso le podemos sumar la oportunidad de pagarle un bono a quienes trabajan con nosotros, o quizás aportar a bomberos.

El punto para mi es que aprendamos a ser conscientes del flujo de energía de lo que entregamos y que no lo hagamos porque sentimos culpa o porque se supone que es bueno hacerlo.

La decisión de donde poner la energía es nuestra, y el acto de crear la sociedad donde queremos vivir realmente lo hacemos en todo momento, con cada una de nuestras decisiones y acciones.

Comments

One Response to “Victimizarse no debería ser un buen negocio”
  1. Ximena dice:

    ¡Qué buena reflexión, Pablo! Realmente resoné con ella. Y, relacionado con esto que mencionas de dar y recibir con culpa, se me hizo conciente el merecimiento. ¿Cómo vamos a merecer la abundacia, creer y sentir realmente que la merecemos, en esta tierra y en esta vida, si estamos condicionados a un recibir culposo? Y me refiero a la abundancia en todos los planos: físico (dinero, entre otras muchas cosas), emocional (amor, cariño, etc), mental y espiritual.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo en ser concientes del flujo de energía de lo que entregamos y de lo que recibimos. Dar y recibir, con conciencia, apertura, alegría, agradecimiento y desapego.
    Cariños,
    Ximena

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